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Violencia… ¿camino hacia la oscuridad? de Sira Vargas de Biheller

El mundo, está especialmente marcado por guerras, injusticias, desigualdades, drogas, peleas, conflictos, en otras palabras… la violencia, es la constante. La Tierra, vista desde esta óptica, se ha convertido en un lugar peligroso, difícil para la vida de seres humanos, en cualquier latitud.

En este sentido, hay personas quienes no se adaptan a esta manera de ver aquello que les rodea y prefieren huir o suicidarse, para no afrontar los problemas. Éstos, sobredimensionados, pueden parecer mayúsculos y lesionar a determinadas personalidades susceptibles.

Sin embargo, el llamado es a la no desesperación. Debemos, hacer un alto para razonar y preguntarnos: ¿Cuál es la misión que vine a realizar en este mundo? Para entonces, tomar medidas que nos permitan cumplir ese objetivo y dejar este planeta en mejores condiciones de cómo lo encontramos.

Eso es posible, observando nuestro comportamiento, revisando los patrones de conducta que usaron nuestros padres en la crianza. Se hace indispensable, analizarlos para establecer relaciones entre estos elementos, con el objetivo de determinar la dinámica familiar y las consecuencias de ésta. Es el primer paso, para modificarla, así formar a mejores ciudadanos en la siguiente generación.

En este sentido, los detalles —aparentemente simples— son relevantes, entre uno y otro humano. No se desarrolla igual una persona quien ha sido bienvenida al mundo, aceptada, atendida o cuidada con mucho esmero… a otra, que ha carecido de todo o simplemente, fue tan maltratada psicológica y físicamente, que su autovaloración, se afectó negativamente.

En consecuencia, la violencia o la armonía, hacen la diferencia en un hogar cualquiera y ello, permea a la sociedad entera. La agresión y el maltrato ocasional o continuado, traen secuelas porque el individuo, arrastra cadenas de dolor que lo llevan, en vez de evitarlas, a revivirlas o a recrearlas en la nueva familia construida, es decir, toma el camino hacia la oscuridad. Es allí, donde está el detalle y el nudo que deseo desandar: ¿Cómo la conducta violenta, nos lleva a vivir en el lado de la oscuridad?

Por esta razón, repito, se hace necesario observar, evaluar, analizar, determinar cuáles fueron los patrones usados por nuestros propios padres en la crianza, así como también, de nuestros abuelos y familiares cercanos –si ellos participaron en ella— para romper esas cadenas. Evitar tratar a nuestra descendencia, como lo hicieron esos antepasados cercanos, especialmente nuestros progenitores.

Igualmente, analizar cómo la escuela y la sociedad, conducen a una convivencia agresiva. Las respuestas a estas interrogantes están dentro de nosotros, no afuera. Somos el único factor válido para cambiar esta ecuación: familias destructivas = cadenas de dolor = oscuridad.

Ahora, el problema no es actuar de forma contraria –como suele pasar— si ellos fueron muy estrictos, entonces, ser demasiados permisivos. La cuestión es el equilibrio, la medida exacta o justa proporción. El punto medio nos dice que, debemos atenderlos en todas sus necesidades y enseñarles a valerse por sí mismos, para que algún día, alcancen la independencia, con amor y disciplina.

Para que ello suceda, la persona tiene que caer en cuenta, o determinar si tuvo una infancia signada por la violencia. De ser así, entonces debe curarse esas heridas que siempre se esconden en el subconsciente. Cabe señalar que, las conductas aprendidas o modeladas en la primera infancia, se guardan herméticamente y cuando existe un estímulo que dispare el recuerdo, el adulto actúa en consecuencia, automáticamente.

Si mantenemos vivas esas heridas, cuando tenemos hijos, entonces hacemos una transferencia negativa hacia ellos y ejecutamos, el mismo daño que nosotros sufrimos, de forma inconsciente.
En efecto, es allí donde se ubican las cadenas de dolor que se arrastran y la oscuridad que opaca.
Recordemos, que el subconsciente es como una caja negra que nadie, sólo un especialista puede abrir, porque la llave se extravió. ¿Cómo se sacan a relucir esos eventos negativos, la violencia vivida, si deseamos desalojarlos de dicha caja? Con mucho trabajo interno, igualmente, con ayuda especializada.

Un terapeuta entrenado para este fin, es capaz de aplicar diferentes técnicas para traer a la luz los eventos negativos, que hemos guardado y de esta forma, desahogar el dolor, eliminarlos como un archivo perjudicial a nuestra existencia. A través de este escrito, dejaré a disposición de los lectores algunos ejercicios para ayudarlos a sacar esos dolores subyacentes.

Por otra parte, aprender a vivir en paz y armonía es posible, se puede reaprender a tener luz en nuestra vida. El camino hacia la misma, es contrario al de la violencia y agresividad. Dichos comportamientos traen oscuridad, hacen al mundo hostil, inhabitable y se deben erradicar. Por consiguiente, considerar que toda conducta negativa es aprendida, se modela en la familia, escuela y en una sociedad cómplice, la cual no hace nada por revertir o transformar ese comportamiento anormal en un grupo humano.

En este sentido, las sociedades no están funcionando como deberían hacerlo: descartar conductas inapropiadas de los habitantes, las cuales se revierten hacia a ellas mismas. Desde esa perspectiva, cada uno estamos llamados a proponer soluciones. Vale la pena escudriñar, analizar, para idear nuevas normas, positivos patrones, que ayuden a los hombres a comportarse como tal: cabezas de la creación.

El propósito de este ensayo, es generar un debate a partir de estos planteamientos. Formar un tejido que nos sirva de referencia para ayudar a la sociedad a superar la violencia como forma de vida. Cabe destacar que, cualquier conducta está enmarcada en una sociedad que la promueve o la censura. El hogar, es reflejo de aquello que ocurre más allá de sus paredes.

También, se pretende, sensibilizar al lector sobre el origen de la violencia, para que las nuevas generaciones de padres, analicen su papel en la comunidad y contribuyan en la formación de una personalidad equilibrada en los hijos. Este punto, hará la diferencia en el mundo caótico de hoy y uno armónico, para el mañana.

Además, ¿La violencia nos lleva hacia la oscuridad? Esta pregunta nos guiará a lo largo del escrito, para evaluar cómo el desarrollo espiritual, nos conduce hacia la paz y la armonía.

Las conclusiones, serán de los lectores, los contenidos que les impacten, resuenen, duelan, los llevarán a meditar o a buscar explicación a sus interrogantes, bien sea en el mismo texto o en otros relacionados ¡Bienvenidos a mi mundo interno! Aquí, no conseguirán una compilación de citas de autores, sino las ideas de la escritora, como si de una conversación se tratara, sin los obstáculos que presenta la lectura académica.