«Pornografía» es una de esas palabras que sólo la censura pudo inventar. Esto nos coloca ante una curiosa paradoja: la pornografía se alimenta, en diferentes grados, de subversión, de rechazo a una serie de reglas que coartan y condicionan el goce; no obstante, para existir, la pornografía necesita de esa misma regla. Ello en virtud de que sin una ley que quebrantar, no existiría lo prohibido, no habría subversión. Dicho en otras palabras, las desviaciones sólo son tales en relación con una línea recta. De cualquier manera, hoy resulta más marginal y rebelde la pareja a la antigüita, profunda y amorosa, que todas las desviaciones de la porno.