28 septiembre 2020

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[Prólogo]: “¿Seguro que un rey, es un rey?” por Luis Perozo Cervantes sobre “Un rey es un rey” de Yazmina Jiménez

La metáfora es un elemento común a todas las obras de la genialidad humana. Yazmina Jiménez plantea de entrada un enunciado sencillo, una tautología, la afirmación y confirmación de un elemento que parece definirse por su valor. Pero nos hace pensar ¿por qué un rey no sería un rey? En arte, afirmar algo con tanta propiedad sin duda nos hace dudar automáticamente. ¿O alguien puede leer con obediencia la afirmación de René Magritte: “esto no es una pipa” en su famosa obra?
El título de esta obra Yazmina Jiménez me conduce directamente los anunciados provocadores de los dadaístas. ¿Y cómo no pensar en Ubú Rey, de Alfred Jarry, cuando una obra de teatro enuncia dos veces en su título que “Un Rey es un Rey”? Las secuencias dramatúrgicas que se presentan en esta obra de Yazmina Jiménez, tienen el ritmo sincopado de Esperando a Godot, de Samuel Beckect.
El protagonista, un actor llamado Rey, que da las voces a miles de actores viejos, quienes han vivido para morir en sobre las tablas. El resto del elenco es una prefiguración de los hombres y mujeres que acompañan a esos actores, que los admiran, los cuidan, que saben que su pasión los conducirá a actuar en al inmortalidad.
Anteriormente Yazmina Jiménez ha tratado el tema de la vejez en el teatro. En su obra “Las flores que no vendrán” los personajes están en un ancianato, y sufren el abandono de sus hijos. En “María Marías” vemos la perspectiva femenina desde el ángulo de diferentes Marías, incluso una anciana. En “Un rey es un rey” el tema del actor envejecido, y de la muerte, para afrontar el decir profundo de quienes al final de su camino vital quieren seguir haciendo lo que aman.
Otro elemento a destacar el uso los elementos de la espiritualidad afrozuliana y la figura mágico-religiosa de San Benito, como detonante de la trama. El personaje “Rey”, recibe la orden de morir de la mano de San Benito, quien como el mis mismo ángel de la muerte ha venido a llevárselo. Aquí la autora hace gana de los juegos picaros de un personaje que intenta burlar a la muerte con argucias teatrales, recordándonos a las tramas medievales de la novela picaresca. También podríamos emparentarlo con el mito fáustico, en su deseo de obtener respuestas de la eternidad, o con el deseo de permanecer vivo por siempre para seguir actuando.
El teatro zuliano se regocija con este “Rey” que redefine los atributos de un rey del teatro y de cierta manera hace homenaje a quien fuera un excelente actor, el gran Jesús “Chucho” Pulido, quien muriera ensayando para montar un obra titulada “Ajé Chucho ajé” escrita por Carlos Ildemar Pérez, donde el personaje sufre una transmutación que lo convierte en San Benito. Como colorario podemos comentar que Chucho Pulido muere la noche antes del día en que estrenaba la obra, y esa tarde, sus restos fueron velados en el mismo escenario donde debía presentarse. Muchos acudieron a verlo actuar, sin saber de su muerte. También es curioso saber que su nombre completo era Jesús de los Reyes Pulido y nació un 6 de enero, día en que se celebra la fiesta de San Benito en el pueblo de Gibratar, en el Sur del Lago de Maracaibo.
La obra de Yazmina Jiménez cierra con un concierto de chimbángueles que cierra el ciclo místico de la obra y entrona al personaje como rey que estaba destinado a ser desde el mismo título de la obra.
Suceden muchas cosas en un texto dramatúrgico que quizá se escapen en la puesta de escena, ya que la imaginación es una productora ilimitada y audaz. Así mismo cada acción de dirección teatral que le espere a esta obra en el futuro tendrá el deber de enriquecerlo con un casting y una disposición dramática que cautive y enriquezca a partir del texto. Ese es el propósito de esta edición, crear un punto de partida para que el mundo del teatro pensado y el teatro vivido se encuentren y fructifiquen.

Luis Perozo Cervantes
24 de marzo de 2020