De fantasmas y escritos: Los fantasmas que me visitaron en mi niñez y los posteriores de mi juventud, me dejaron, me abandonaron, se salieron de mis sueños arrastrados por el llamado de sus historias escritas. El azar me mostró el camino, cuando constaté que mientras más escribía de ellos, más se esfumaban. Me di cuenta afortunadamente que ese era el remedio. El mejor exorcismo. Lo hubiera descubierto antes y me hubiera evitado años de zozobra. Ahora ellos viven en empolvados manuscritos espantando eternamente a pobres y patéticos personajes que aún con una familiaridad aplastante, se siguen horrorizando en cada aparición, con cada vuelta de página. Yo ya no los leo. En cambio, ellos como que cada vez engordan más las páginas, pareciera que ese hervidero de fantasmas, cruzando de pergamino en pergamino, estuvieran entre ellos procreando futuros entes nocturnos. Y a mí, como…